2 Cr. 2 Crónicas Segundo libro de las Crónicas, Popis
El segundo libro de las Crónicas continúa con el tema que comenzó en el primer libro de las Crónicas: Dios es fiel a Judá. En el segundo libro de las Crónicas, el templo de Salomón es mucho más que una construcción religiosa. Es el símbolo de qué tan fiel es Dios con su pueblo. El templo significaba que Dios vivía entre su pueblo. También era un recordatorio de que Dios actuaba por medio del rey de Jerusalén. El templo convirtió la ciudad en un lugar sagrado, de una forma que nunca antes se había visto.
Después de Salomón, el reino fue dividido entre Israel, al norte, y Judá, al sur, y el pueblo de Dios continuó sufriendo castigos debido a que no le fue fiel. El rey Roboam no fue fiel a las leyes de Dios, por lo que fue atacado por Sisac, faraón de Egipto. Dios hizo que el rey Asa se enfermara porque no confiaba en Dios, y en cambio hizo un pacto con el rey de Siria. El rey Uzías no siguió las órdenes de Dios sobre el culto al templo, por lo que fue castigado con una enfermedad de la piel. Israel, el reino del norte, fue destruido porque el pueblo no fue fiel a los mandamientos de Dios. Por eso se omiten las historias de los reyes del norte como si fueran de poca importancia. Dios castigó al pueblo de Judá, el reino sur. Les quitó el templo y envió a muchos de ellos a tierras lejanas como prisioneros.
Pero Dios continuó siendo fiel y bondadoso. Después que Roboam pecó, le pidió perdón a Dios, por lo que Dios permitió que él y su pueblo sobrevivieran. Después de que fue invadido Israel, el reino del norte, el rey Ezequías invitó a gente de Israel a vivir en Judá. Ellos podían adorar a Dios en Jerusalén. Dios fue fiel a su pueblo durante los dolorosos años de la guerra y del cautiverio. Al final de esa época, Dios entregó a su pueblo una persona para que los rescatara, tal como siempre lo había hecho.