Apostelgeschichte 8 in verschiedenen Übersetzungen

Übersetzungen zum Vergleich auswählen

Übersetzung auswählen, um sie zur Liste hinzuzufügen; die Spalten folgen der Reihenfolge der Liste.

  1. Nueva Biblia Viva

Español

Deutsch

Русский

Čeština

Беларуская

English

Українська

Polski

Português

Türkçe

中文

Français

Italiano

Ἀρχαία Ἑλληνική

Српски / Srpski

Hrvatski

Eesti

Svenska

Magyar

Slovenčina

Suomi

Norsk bokmål

Íslenska

Tagalog

Cebuano

Hiligaynon

Nederlands

Български

Tiếng Việt

Bahasa Indonesia

ไทย

한국어

हिन्दी

Deutsch

  • Byzantinischer Text

English

  • JPS Tanakh
  • Targum Onkelos (Etheridge)
Nueva Biblia Viva
8:1
NBV Y Saulo estaba de acuerdo en que asesinaran a Esteban. Aquel mismo día, una gran ola de persecución se levantó contra los creyentes y barrió la iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los apóstoles, huyeron a Judea y Samaria.
8:2
NBV Varios judíos piadosos, llenos de tristeza, enterraron a Esteban.
8:3
NBV Saulo, por su parte, iba por todas partes persiguiendo a la iglesia. Entraba a las casas, arrastraba a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.
8:4
NBV Los creyentes que huyeron de Jerusalén continuaron predicando las buenas noticias por dondequiera que iban.
8:5
NBV Felipe, por ejemplo, huyó a Samaria y se puso a hablarle del Mesías al pueblo.
8:6
NBV Grandes multitudes lo escuchaban atentamente, al ver los milagros que realizaba.
8:7
NBV Felipe echaba fuera demonios, que salían de sus víctimas dando gritos, y también sanaba paralíticos y cojos.
8:8
NBV Y había gran gozo en la ciudad.
8:9
NBV Vivía en Samaria un tal Simón, que había ejercido la magia durante muchos años, y tenía asombrada a la gente haciéndose pasar por alguien muy grande.
8:10
NBV Todos, desde el más pequeño hasta el más importante, le prestaban atención y decían: «Este es al que llaman el Gran Poder de Dios».
8:11
NBV La gente le hacía caso, porque por mucho tiempo las había engañado con su magia.
8:12
NBV Cuando los samaritanos creyeron el mensaje de Felipe, que afirmaba que Jesús era el Mesías y hablaba del reino de Dios, se bautizaron muchos hombres y mujeres.
8:13
NBV Simón también creyó, recibió el bautismo y se dedicó a seguir a Felipe a dondequiera que este iba, maravillado por los milagros que realizaba.
8:14
NBV Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén se enteraron de que el pueblo de Samaria había aceptado el mensaje de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan.
8:15
NBV Tan pronto llegaron, comenzaron a orar para que recibieran el Espíritu Santo,
8:16
NBV que todavía no había descendido sobre ellos y sólo estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús.
8:17
NBV Entonces Pedro y Juan pusieron las manos sobre los creyentes y ellos recibieron el Espíritu Santo.
8:18
NBV Al ver Simón que el Espíritu Santo descendía sobre aquellos a quienes los apóstoles les ponían las manos, les hizo una oferta de dinero.
8:19
NBV ―Este dinero es para que me permitan obtener ese poder —les dijo—. Quiero que al imponer las manos sobre la gente, reciban el Espíritu Santo.
8:20
NBV ―Que tu dinero perezca contigo —le contestó Pedro—, que piensas que los dones de Dios se pueden comprar.
8:21
NBV Tú no puedes tener parte en esto, porque tu corazón no es recto ante Dios.
8:22
NBV Arrepiéntete de esta maldad y ora. Quizás Dios te perdone los malos pensamientos,
8:23
NBV porque veo que tienes el corazón lleno de envidia y de pecado.
8:24
NBV ―Oren por mí —suplicó Simón—. No quiero que eso tan horrible me suceda.
8:25
NBV Tras testificar y predicar en Samaria, Pedro y Juan regresaron a Jerusalén. A lo largo del camino fueron deteniéndose en los pueblos samaritanos, para predicar las buenas noticias.
8:26
NBV Un ángel del Señor le dijo a Felipe: «Ve hacia el sur por el camino desierto que va de Jerusalén a Gaza».
8:27
NBV Así lo hizo. Y por el camino se encontró con un etíope eunuco, el tesorero de Etiopía, funcionario poderoso de la reina Candace. El etíope había ido a Jerusalén a adorar en el templo.
8:28
NBV En el viaje de regreso, el funcionario iba en su carroza leyendo el libro del profeta Isaías.
8:29
NBV «Da alcance a esa carroza —le dijo el Espíritu Santo a Felipe—, y acércate a ella».
8:30
NBV Felipe obedeció presuroso y, al acercarse, escuchó lo que el funcionario iba leyendo. ―¿Entiendes eso que lees? —le preguntó.
8:31
NBV ―¿Cómo lo voy a entender si nadie me lo ha explicado? —contestó. Entonces invitó a Felipe a que subiera a la carroza y se sentara con él.
8:32
NBV El pasaje de las Escrituras que estaba leyendo era el siguiente: «Como oveja a la muerte lo llevaron, y como cordero mudo ante los que lo trasquilan, no abrió la boca.
8:33
NBV En su humillación, no se le hizo justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia? porque arrancaron su vida de esta tierra».
8:34
NBV ―¿Hablaba el profeta de sí mismo o de otra persona? —le preguntó el eunuco a Felipe.
8:35
NBV Y Felipe, comenzando con ese mismo pasaje de la Escritura, se puso a hablarle de las buenas noticias acerca de Jesús.
8:36
NBV A un lado del camino encontraron agua. ―¡Mira! ¡Aquí hay agua! —exclamó el funcionario—. ¿Por qué no me bautizas?
8:37
NBV ―Siempre y cuando creas de corazón, no hay nada que lo impida —le dijo Felipe. ―Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios —respondió el eunuco.
8:38
NBV Detuvieron entonces la carroza, bajaron ambos al agua y Felipe lo bautizó.
8:39
NBV Al salir del agua, el Espíritu del Señor se llevó a Felipe y el funcionario ya no lo vio: Pero a pesar de esto, siguió gozoso su camino.
8:40
NBV Mientras tanto, Felipe estaba en Azoto, y allí, como en cada una de las ciudades que encontró en el viaje a Cesarea, predicó las buenas noticias.