Col. Colosenses, capítulo Carta de Pablo a los Colosenses, capítulo 4
Por otro lado, ustedes, amos, sean justos y equitativos, recordando que también tienen un Amo en el cielo.
Instrucciones adicionales
Nunca se cansen de orar. Oren siempre con gratitud. Lc. 18:1; Ef. 6:18Oren también para que Dios nos conceda muchas oportunidades de proclamar el mensaje, pues por ello estoy preso. 1 Co. 16:9Oren que pueda expresarme claramente, que es como debo hacerlo siempre.
Pórtense sabiamente delante de los que no creen en Cristo, y aprovechen bien las oportunidades. Ef. 5:15Hablen siempre con buen gusto y de forma amena. Así podrán contestar siempre las preguntas que les hagan.Ec. 10:12
Saludos finales
Tíquico, nuestro muy amado hermano, les contará cómo me va. Él es muy trabajador y sirve al Señor conmigo. Lo estoy enviando a este viaje para que me informe cómo están ustedes y para que los anime. También les estoy enviando a Onésimo, fiel y muy amado hermano que a la vez es uno de ustedes. Él y Tíquico les dirán todo lo que pasa aquí.
Aristarco, mi compañero de cárcel, les envía saludos, y lo mismo hace Marcos, el primo de Bernabé. Como ya les dije, si va a visitarlos recíbanlo con cariño. Jesús, al que le dicen el Justo también los saluda. Estos son los únicos judíos cristianos que trabajan conmigo por el reino de Dios y ¡de cuánto consuelo me han sido!
Epafras, que es paisano de ustedes y siervo de Jesucristo, los saluda. Siempre ora fervientemente por ustedes para que Dios los ayude a mantenerse firmes, ser maduros y continuar dedicados a cumplir la voluntad de Dios.
Les aseguro que de veras ha orado intensamente por ustedes, así como por los cristianos de Hierápolis y Laodicea.
Lucas, el médico amado, los saluda también, y lo mismo hace Demas.
Saluden a los hermanos de Laodicea, a Ninfas y a los que se reúnen en su casa.
Después que lean esta carta, tengan la bondad de hacerla llegar a la iglesia de Laodicea. Y lean también ustedes la carta que les estoy mandando a ellos.
Díganle a Arquipo que no deje de hacer lo que el Señor le encargó.
Y aquí va un saludo de mi puño y letra: Recuerden que estoy preso. Que Dios los llene de su amor.