Sal. Salmos, salmo Libro de los Salmos, salmo 2
El Señor y su elegido
¿Por qué se enfurecen las naciones?
¿Por qué los pueblos se disponen a actuar contra Dios?Hch. 4:25
Los reyes y gobernantes se han unido
en contra del SEÑOR y del rey que él eligió.
Y dicen: «¡Cortemos las ligaduras que nos imponen
y liberémonos de sus ataduras!»
Pero el que está en el cielo se ríe;
el Señor se burlará de ellos.Dt. 28:63; Pr. 1:26
Luego, les habla enojado
y en su furor los aterroriza, diciéndoles:
«Yo he consagrado a mi rey en Sion,
mi monte santo».Sal. 93:1; Jn. 18:37; He. 12:22
Y el rey elegido dice:
Déjenme explicarles el decreto del SEÑOR.
Él me dijo: «Tú eres mi hijo.
¡Hoy me he convertido en tu padre!2:7 me he convertido en tu padre Textualmente: yo te engendré.Hch. 13:33; He. 1:5; He. 5:5
Solo tienes que pedirlo,
y te daré por herencia las naciones.
El mundo entero será de tu propiedad.Sal. 22:27
Tú las golpearás con cetro de hierro
y las harás pedazos como ollas de barro».Ap. 2:27; Ap. 19:15
Así que les digo a ustedes, reyes y líderes de la tierra,
despierten y escuchen mi consejo.
¡Obedezcan al SEÑOR con temor y respeto!
Adórenlo con fervor.
Demuestren que son leales a su hijo2:12 Demuestren […] su hijo Textualmente: Bésenle los pies a su hijo. para que no tenga motivos de enojo.
Si no lo hacen, estarán perdidos.
Cambien pronto de actitud
y evitarán así su cólera.
Afortunados todos los que buscan protección de Dios.Sal. 34:8; Pr. 16:20; Is. 30:18; 1 P. 2:6