2 Co. 2 Corintios, capítulo Segunda carta de Pablo a los Corintios, capítulo 5
Cuerpo espiritual eterno
Sabemos que si se deshace nuestra casa terrenal, este tabernáculo, tenemos un edificio de Dios, una casa eterna en el cielo no hecha por manos. Job. 4:19; He. 9:11Por esto también gemimos en esta casa terrenal. Anhelamos revestirnos de nuestra morada celestial, Ro. 8:23pues cubiertos así, seremos hallados vestidos y no desnudos.Is. 61:10; Ap. 16:15
Porque los que aún estamos en el tabernáculo gemimos angustiados, pues no queremos ser desnudados, sino revestidos para que lo mortal sea absorbido por la vida. 1 Co. 15:54El que nos preparó para esto mismo es Dios, Quien nos dio la garantía del Espíritu.2 Co. 1:22
Así que estamos siempre confiados. Y sabemos que mientras estemos en el cuerpo, estaremos ausentes del Señor, porque vivimos por fe, no por vista. Ro. 8:25Entonces estamos confiados. Consideramos bueno estar ausentes del cuerpo y en casa con el Señor.Fil. 1:23
Por tanto procuramos también, ausentes o presentes, ser agradables a Él. Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que hizo mientras estuvo en el cuerpo, sea bueno o malo.Job. 34:11; Mt. 16:27; Mt. 25:32; Ro. 14:10
La nueva criatura
Entonces como conocimos el temor al Señor, persuadimos a los hombres. Pero a Dios le es manifiesto lo que somos, y confiamos que también seamos manifiestos a las conciencias de ustedes. No nos recomendamos otra vez a ustedes, sino les damos oportunidad de enaltecerse por nosotros, para que tengan qué responder a los que se enaltecen en apariencia y no de corazón. Porque si estamos fuera de nosotros es para Dios. Si estamos en nuestro juicio es para ustedes.2 Co. 11:11
Porque el amor de Cristo nos obliga al pensar esto: que si Uno murió por todos, entonces todos murieron. Por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para ellos mismos, sino para Aquel que murió y fue resucitado por ellos.Ro. 14:9; Ga. 2:20
Por tanto desde ahora nosotros a nadie conocemos según la naturaleza humana. Conocimos a Cristo según la naturaleza humana, sin embargo, ya no lo conocemos así.
De modo que si alguno es nueva creación en Cristo, las cosas viejas pasaron y todas son nuevas. Is. 43:18; Ro. 6:4; Ap. 21:5Todo esto procede de Dios, Quien nos reconcilió con Él mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación. Ro. 5:11; Ef. 2:16; Col. 1:20Es decir, que en Cristo, Dios reconciliaba al mundo con Él mismo sin tomar en cuenta las transgresiones de ellos, y puso la Palabra de la reconciliación en nosotros.
Por tanto somos embajadores que representamos a Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros. Rogamos en Nombre de Cristo: ¡Reconcíliense con Dios! Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en Él.Is. 53:9; Jn. 8:46; 1 P. 2:22; 1 Jn. 3:5