Gn. Génesis, capítulo Libro del Génesis, capítulo 3
La caída
Pero la serpiente era astuta, más que toda bestia del campo que Yavé ʼElohim hizo. Y preguntó a la mujer: ¿Así que ʼElohim dijo: No coman de ningún árbol del huerto?
La mujer respondió a la serpiente: Podemos comer del fruto de los árboles del huerto, pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, dijo ʼElohim: No coman de él ni lo toquen para que no mueran.
Entonces la serpiente dijo a la mujer: No morirán, Jn. 8:44; 2 Co. 11:3porque ʼElohim sabe que el día cuando coman de él, se les abrirán los ojos y serán semejantes a ʼElohim, conocedores del bien y del mal.
La mujer vio que el árbol era bueno para comer y agradable a los ojos, y que era el árbol deseado para alcanzar conocimiento. Tomó de su fruto y comió. Le dio también a su esposo que estaba con ella, y él comió. 1 Ti. 2:14Entonces se les abrieron los ojos a ambos y se dieron cuenta que estaban desnudos. Cosieron follaje de higuera y se hicieron delantales para ellos mismos.Gn. 2:25; Ap. 3:17
Oyeron el sonido de Yavé ʼElohim, Quien se paseaba por el huerto a la brisa del día, y el hombre y su esposa se escondieron de la Presencia de Yavé ʼElohim entre los árboles del huerto. Sal. 138:6; Am. 9:2Pero Yavé ʼElohim llamó al hombre y le preguntó: ¿Dónde estás?
Contestó: Oí tu sonido en el huerto y tuve miedo porque estoy desnudo y me escondí.
Le preguntó: ¿Quién te enseñó que estás desnudo? ¿Comiste del árbol del cual te ordené que no comieras?Gn. 2:17
El hombre respondió: La mujer que pusiste conmigo me dio del árbol y yo comí.
Y Yavé ʼElohim preguntó a la mujer: ¿Qué hiciste? La mujer respondió: La serpiente me engañó, y comí.2 Co. 11:3
Entonces Yavé ʼElohim dijo a la serpiente:
Por cuanto hiciste esto
¡Maldita seas entre todos los animales
Y entre todas las bestias del campo!
Andarás sobre tu vientre.
Polvo comerás todos los días de tu vida.Sal. 72:9
Pondré enemistad entre ti y la mujer,
Y entre tu descendiente y su descendiente.
Éste te aplastará la cabeza
Cuando tú hieras su talón.Gn. 14:18; Sal. 112:1; Sal. 112:4; Zac. 6:13; Gn. 22:9; Zac. 12:10; Jn. 3:14
Y dijo a la mujer:
Multiplicaré inmensamente los dolores de tus preñeces.
Con dolor darás a luz los hijos,
Y tendrás deseo de tu marido,
Pero él te dominará.1 Co. 14:34
Y dijo al hombre:
Por cuanto atendiste la voz de tu esposa,
Y comiste del árbol del cual te ordené:
No comas de él,
¡Maldita sea la tierra por causa tuya!
Con fatiga comerás de ella todos los días de tu vida.Gn. 4:12; Gn. 5:29
Espinos y abrojos te brotará
Y comerás hierba del campo.
Con el sudor de tu rostro comerás pan
Hasta que regreses a la tierra.
Porque de ella fuiste tomado,
Pues polvo eres y al polvo volverás.Sal. 128:2; Ec. 12:7
El hombre llamó a su esposa Eva, por cuanto ella sería madre de todo viviente.
Entonces Yavé ʼElohim hizo túnicas de pieles para Adán y su esposa, y los vistió. Yavé ʼElohim dijo: Ciertamente el hombre es ahora como uno de Nosotros, conocedor del bien y del mal. Ahora, que no extienda su mano, tome también del árbol de la vida, coma y viva para siempre. Gn. 1:27; 1 Jn. 5:7; Gn. 2:9Yavé ʼElohim lo expulsó del huerto de Edén para que trabajara la tierra de la que fue tomado.
Así pues, expulsó al hombre y situó querubines al oriente del huerto de Edén, con la espada incandescente que se revolvía a todos los lados para guardar el camino hacia el árbol de la vida.