Pr. Proverbios, capítulo Libro de los Proverbios, capítulo 31
Dichos del rey Lemuel
Estos son los dichos del rey Lemuel por medio de los cuales su madre le enseñó:
Hijo mío, fruto de mi vientre, cumplimiento de mis promesas, no gastes tu vitalidad con mujeres, ni tu fuerza en las que causan la ruina de los reyes.Dt. 17:17
No está bien que los reyes, oh Lemuel, se entreguen al vino o que los gobernantes se den al licor, pues si lo hacen puede que olviden sus deberes y sean incapaces de administrar justicia a los oprimidos. Est. 3:15; Is. 5:22El licor es para los moribundos y el vino para los deprimidos; Neh. 8:10¡que beban para olvidar su pobreza y para que no vuelvan a recordar sus penas!
¡Alza la voz por aquellos que no pueden alzarla por sí mismos, defiende a los indefensos!Pr. 24:11
¡Alza la voz por los pobres y necesitados y procura que se les haga justicia!Lv. 19:15; Dt. 1:16
Epílogo: Acróstico a la mujer ejemplar
Mujer ejemplar, ¿dónde se hallará? ¡Vale más que las piedras preciosas! Pr. 12:4; Pr. 18:22Su esposo puede confiar plenamente en ella y no le faltan ganancias. Pr. 14:1Ella no es un estorbo para él, sino una ayuda todos los días de su vida. Sale en busca de lana y lino, y alegremente trabaja con sus manos. Es como un barco mercante, que trae su alimento desde muy lejos. Madruga para preparar el desayuno a su familia, y les asigna las tareas del día a sus criadas. Sale a inspeccionar un terreno y lo compra, con sus ganancias planta un viñedo. Está llena de vitalidad, y está lista para trabajar. Se complace con la prosperidad de sus negocios, y no se apaga su lámpara en la noche.
Sus manos están ocupadas hilando y tejiendo. Les tiende su mano en ayuda a los pobres y necesitados. No le preocupa que nieve, pues todos los de su casa andan bien abrigados. Ec. 10:18Ella misma hace sus colchas, y se viste de púrpura y lino fino. Su esposo es bien conocido en la comunidad, pues se sienta entre las autoridades de la ciudad.
Ella hace ropa de lino y cinturones, y los vende a los comerciantes. Está revestida de fuerza y dignidad, y no le teme al futuro. 1 P. 3:4Cuando habla, sus palabras son sabias, cuando enseña, lo hace siempre con amor. Tit. 2:3Observa con cuidado lo que sucede en su casa, y no come el pan por el que no ha trabajado. Sus hijos se levantan y la bendicen, su esposo la alaba diciendo: «¡Hay muchas mujeres ejemplares, pero tú eres la mejor de todas!».
Los encantos pueden engañar y la belleza no dura, pero la mujer que honra al Señor es digna de alabanza.Pr. 11:22
¡Alábenla por todo lo que ha hecho y públicamente reconozcan sus obras!Mr. 14:9