Sal. Salmos, salmo Libro de los Salmos, salmo 73
Salmo de Asaf.
¡Qué bueno es Dios para con Israel, para con los de corazón puro! Sal. 64:8; Mt. 5:8; Jn. 1:47En cuanto a mí, ¡qué cerca estuve del borde del precipicio! Ya mis pies resbalaban y estaba a punto de despeñarme. Porque yo envidiaba la prosperidad de los orgullosos y malvados. Sal. 37:1; Job. 21:7; Jer. 12:1Ellos parece que viven una vida sin problemas; sus cuerpos son fuertes y saludables. No se ven angustiados como toda la gente o cargados de problemas como los demás, y por eso lucen su orgullo como collar de piedras preciosas, y sus ropas están tejidas de crueldad. Esos ricachones tienen cuanto su corazón anhela. Job. 15:27Se burlan y hablan sólo de maldad; en su orgullo buscan acabar con los demás. Se jactan contra el cielo mismo, y sus palabras recorren orgullosas la tierra.
Y así, el pueblo de Dios está desanimado y confuso, bebiéndose sus propias palabras. Preguntan: «¿Se dará cuenta Dios de lo que pasa? ¿Entiende el Altísimo lo que está pasando?». Sal. 10:11; Sal. 94:7¡Miren a esos arrogantes; ni siquiera se molestan en alzar un dedo y se multiplican sus riquezas!
¿De qué me sirvió mantener mi corazón limpio y cuidarme de no hacer maldad? Mal. 3:14; Job. 9:30Lo que recibo todo el día son problemas, y cada amanecer me trae dolor. Si en verdad hubiera yo hablado así, habría sido traidor a tu pueblo. Pero qué difícil es entender eso: la prosperidad de los malvados. Y un día entré a meditar en el santuario de Dios, y estuve pensando en el futuro de esos malvados. ¡En verdad, los has puesto en un camino resbaladizo y los empujarás por el borde del abismo y caerán en su destrucción. Job. 21:16; Pr. 14:32En un instante serán destruidos, consumidos por el terror. Job. 21:30; Sal. 52:5Un sueño no más es toda su vida presente, que se olvida al despertar. Cuando tú te levantes, Señor, los desecharás de esta vida.Job. 21:17; Is. 29:7
Entonces me di cuenta de lo amargado y lastimado que estaba por todo lo que había visto. Vi lo necio e ignorante que era; a ti, Dios, debo de parecerte una bestia. Jn. 12:16Pero yo siempre estoy contigo, pues tú sostienes mi mano derecha. Jn. 6:68Seguirás guiándome toda mi vida con tu sabiduría y consejo; y después me recibirás en la gloria. ¿A quién tengo yo en el cielo sino a ti? Y en la tierra nada deseo fuera de ti. Sal. 16:5; Jn. 4:14La salud me puede fallar, mi espíritu puede debilitarse, ¡pero Dios permanece! ¡Él es la fuerza de mi corazón; él es mío para siempre!Lm. 3:24
Pero quienes rehúsan adorar a Dios perecerán, porque él destruye a los que sirven a otros dioses.Jer. 17:13; Os. 7:13
En cuanto a mí, me acerco a él lo más que puedo. He elegido al Dios soberano como mi refugio, y a todos contaré las maravillas que él hace.Stg. 4:8