Jer. Jeremías Libro del profeta Jeremías, Descrizione
El libro de Jeremías es una colección de sermones, poemas, historias, e incluso, sueños que escribió Baruc, el siervo de Jeremías. También escribió otras cuantas historias sobre la vida de Jeremías, quien es conocido como el profeta que llora porque tenía el triste trabajo de advertir a su pueblo en Judá de las malas épocas venideras.
El mensaje de Dios que traía Jeremías era de malas noticias. Dijo que la nación sufriría derrota por parte del ejército de Babilonia y que el pueblo sería llevado prisionero. Este mensaje le pareció extraño al pueblo. Los tiempos en Judá eran buenos. En el trono estaba un sabio rey llamado Josías. Había hecho muchos cambios buenos para ayudar a que el pueblo aprendiera lo que Dios quería. El enemigo de Judá en el norte, el Imperio Asirio, en esa época estaba perdiendo su poder. Nínive, su ciudad capital, había sido derrotada. Por lo que todo parecía ir bien para Judá, pero Dios le dijo a Jeremías que todo iba a cambiar.
Los asirios ya eran un problema para Judá, pero también afrontaba nuevos peligros. Comenzó una lucha entre Egipto y Babilonia por el control de la tierra que estaba entre ellos, por lo que Judá se encontraba en medio de dos grandes potencias. Egipto estaba al sur y al occidente y Babilonia al norte y al oriente.
El rey Josías decidió aliarse con Babilonia y murió luchando contra los egipcios en el año 605 a. C. Después de él, Joacaz fue rey de Judá durante tres meses, luego los egipcios lo depusieron y nombraron rey a Joacim. Él alejó de Dios al pueblo de Judá e hizo un tratado con Egipto. En vez de confiar en Dios, Joacim confió en que Egipto protegería a Judá de la invasión. Pero en el año 598 a. C., el rey Nabucodonosor de Babilonia invadió Jerusalén y se llevó al rey de Judá a Babilonia. Nombró a Sedequías como rey de Judá. De nuevo, en el año 588 a. C., Nabucodonosor regresó y destruyó todas las ciudades que fueran lo suficientemente fuertes como para defender a Judá. Dos años más tarde, destruyó a Jerusalén. Luego, el pueblo de Judá y su rey fueron llevados prisioneros a Babilonia.
Fue durante esa época que Jeremías llevó el mensaje de Dios al pueblo de Judá. Les advirtió que permanecieran fieles al pacto que Dios había hecho con ellos. Si el pueblo no obedecía, serían llevados prisioneros a un país extranjero y terminarían lejos de la patria que Dios les había dado.
Jeremías fue fiel al trasmitir el mensaje de Dios a su pueblo, quien una y otra vez rechazó su mensaje. La vida de Jeremías fue marcada por la pena, pero encontró consuelo en su relación con Dios. Le dieron una visión de un mejor futuro, un día en el cual Dios haría un nuevo pacto con su pueblo. No habría que enseñar a ninguna de las personas del pueblo de Dios sobre él, porque todos lo conocerían. Sus enseñanzas estarían escritas en sus corazones. En ese día, Dios dijo: «Me olvidaré de sus pecados» (31:31-34).